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Primer paseo por Fez y la comida

    
Una vez instalados en el Hotel subimos nuevamente al autobús para dirigirnos al restaurante donde se había concertado la comida. La sorpresa, agotadora para algunos, curiosa para otros, e inesperada para todos fue que nuestro guía local llamado Jalid tomó la decisión de conducirnos a pie hasta el restaurante atravesando una parte de las laberínticas calles de la Medina, para así darnos la oportunidad de tomar un primer contacto con esa joya urbana. Pero el paseo se prolongó durante más de veinte minutos de continuo callejear por el intrincadísimo laberinto de callejones, lo que provocó la desesperación de algunos, que aseguraban que aquel recorrido hasta el restaurante había durado más de una hora. 

    Llegados por fin al tan ansiado y escondido establecimiento pudimos tomar un menú diseñado para los turistas: cinco o seis platitos con diversas variedades gastronómicas típicamente marroquíes tales como ensaladas, berenjenas especiadas, lentejas, o aceitunas fuertemente aliñadas, y como plato principal cous-cous de pollo. 

    El restaurante estaba dotado de la típica ornamentación marroquí, recargada y ostentosa, pero el servicio y limpieza fueron regulares. Un lugar para no repetir. Y así lo decidimos porque al día siguiente comimos en otro lugar.

    Cuando dejamos el restaurante reiniciamos nuestro particular periplo por las callejuelas, hasta alcanzar una gran plaza con puerta de tres arcos que marca una de las entradas a la medina. Allí nos esperaba el autobús con el aire acondicionado que agradecimos enormemente, pues la temparatura había subido hasta cerca de los cuarenta grados centígrados. 

    A continuación iniciamos nuestra ruta hasta el yacimiento arqueológico de Volubilils,



Callejeando en busca del restaurante


 


        
 

 

 


El restaurante

 

 

 


 

 



Ante la puerta de entrada a la Medina
















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