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030 - La Guardia Civil recuerda a sus caídos en acto de servicio.

publicado a la‎(s)‎ 14 nov. 2012 7:16 por Juan Manuel Luna López

    La Guardia Civil de Melilla tiene identificadas en el camposanto de la Purísima Concepción cuatro sepulturas de guardias civiles muertos en atentados terroristas o en el cumplimiento de su deber, y cada año se rinde homenaje en una de ellas, con ofrenda de flores y responso. El homenaje se hace coincidiendo con el día de los Fieles Difuntos, 2º de noviembre. 

        En esta ocasión el acto se realizó en la tumba del Cabo de la Guardia Civil D. JUAN RAMÓN JOYA LAGO, melillense de 26 años de edad, casado y con un hijo de corta edad, que fue asesinado por la banda terrorista ETA, el día 12 de diciembre de 1982, en la localidad de Tolosa (Guipúzcoa). 

El terrible asesinato que acabó con su vida se produjo cuando éste, en unión de otro compañero de Melilla, D. Francisco Gázquez Bolaños, se encontraban en el interior de un turismo, momento en que dos motocicletas se pusieron a ambos lados del mismo desde donde los ametrallaron. Juan Ramón Joya falleció pese a su trasladado al hospital donde ingresó cadáver, mientras que Francisco Gázquez consiguió salvar su vida al ser intervenido quirúrgicamente. 

La ofrenda de flores la realizó el Comandante General de Melilla, junto a la hermana del Cabo fallecido, Isabel María Joya Lago. El emotivo momento contó con la presencia de una representación de la Asociación Hermandad de Veteranos de la Guardia Civil de Melilla. 

En el cementerio melillense descansan los restos de otros tres guardias civiles fallecidos en acto de servicio: 

El primero fue D. JUAN GALLARDO SALDAÑA, que perdió la vida en el Campamento de Tarfesit, el día 7 de septiembre de 1925. 

El segundo es D. JUAN ANTONIO DIAZ ROMAN, natural de Melilla, casado y con tres hijos, que dio su vida al intentar desactivar una trampa explosiva, el día 29 de abril de 1979, en la localidad de Oñate (Guipúzcoa). 

El tercero es D. ANTONIO MOLINA MARTIN, que perdió la vida en un acto terrorista perpetrado en la localidad de Collado Villalba (Madrid), el 17 de diciembre de 2002, al interceptar un vehículo ocupado por un comando de ETA que llevaba 150 kilogramos de explosivos, con la intención de atentar en la campaña de navidad y sembrar el terror entre los ciudadanos.