Hotel Tidghine

            
Continúa nuestro viaje y dejamos atrás la costa para adentrarnos en el corazón del Rif. 

        Paulatinamente el paisaje cambia. La semidesertización propia de la costa va desapareciendo y es sustituida por un paisaje casi de alta montaña. Poco a poco aumenta el número de árboles y los cedros cobran protagonismo. Su característica silueta escolta continuamente la carretera y pronto todo el horizonte queda cubierto por estos árboles.

            Y llegamos al hotel Tidghine en la localidad de issaguen. Al entrar en la población el viajero encuentra la típica estampa de muchas poblaciones marroquíes: inumerables puestos de venta ambulante y una animada población que o bien ofrece sus productos o bien curiosea entre los puestos. 

            El hotel contrasta con su entorno urbano. Se trata de un hotel moderno y lujoso. Al llegar nuestra caravana de vehículos nos están esperando y la puerta del parking está abierta y accedemos directamente al patio laterial del hotel, donde estacionamos y por fin descendemos de los coches.

        Inmediatamente una algarabía llena el lugar. Música de inconfundibles rasgos árabes es orquestada por un pintoresco grupo de cinco personas ataviadas con típicas ropas rifeñas. Es nuestra bienvenida, alegre, simpática y muy folclórica. Sus instrumentos son unos bombos y sendas flautas (realmente no son flautas, pero ignoro como se llaman). Tal recepción es acogida con sonrisas de sorpresa por nuestro grupo, que conforme desciende de los coches se va congregando en torno a tan singular grupo musical. El personal del hotel nos saluda, y nos invita a acercarnos a unas mesas preparadas con dulces y el protocolario té de bienvenida. 

        Tras registrarnos y recoger nuestras llaves disponemos del resto de la tarde para descansar hasta la hora de la cena. Yo aprovecho para curiosear las instalaciones del hotel y hacer algunas fotos. Otros compañeros deciden darse un baño en la piscina, o ver la tele en la salón de la cafetería, o simplemente sentarse y conectarse a internet con el wifi del hotel.

        La cena, se
rvida en un comedor acogedor y elegante, resulta ser abundante y generosa: sopa de harera y pollo asado.  Más tarde, los más trasnochadores pudimos disfrutar de una breve velada en un gran salón ambientado como una jaima típica bereber donde tomamos alguna copia y disfrutamos de la música que el presidente de nuestra asociación llevaba en un pendrive y que le permitieron reproducir en el sistema de sonido del salón. La mezcla fue curiosa; estábamos en el corazón del Rif, en un salón que simulaba ser la tradicional jaima, pero esuchando múscia de los años sesenta. Por más empeño que le puso el presidente, la música no avanzó más allá de los setenta. Exotismo y tradición rifeña en el ambiente mezclados con música española retro. Una noche para no olvidar...

        A la mañana siguiente me levanto temprano y aprovecho para realizar algunas fotos más del entorno del hotel, donde destacan los cedros altísimos y esbeltos, que iluminados por la luz matinal destacan contra un cielo azul y limpio.

    Y para la comida nos sirvieron un cuscús de ternera, sabroso y aromático, especiado suavemente, guarnecido de verduras  y en una cantidad más que generosa. Delicioso.

        En resumen, la impresión del hotel fue agradable. Buen servicio, buena calidad, personal correcto en el trato y muy servicial. 

        Sin duda, es el lugar ideal para alojarse en futuras ocasiones.


Hotel Tidghine