El valle de Ketama y sus bosques de cedros

        El domingo día 22, tras desayunar en el hotel, tomamos nuevamente los vehículos y dedicamos la mañana a recorrer algunos kilómetros alrededor de Issaguen, disfrutando de sus paisajes increíbles e inesperados. 

        Marruecos es ciertamente un país de contrastes, pero aun sabiéndolo no deja de sorprenderte. El Rif es una región dura, pedregosa, de veranos secos y calurosos. Es al menos la imagen que todos tenemos inconscientemente formada de esta zona del norte de Africa. Sin embargo,  en su corazón se encierran tesoros paisajísticos nunca imaginados, y un buen ejemplo de ello es este valle de Ketama y sus bosques de cedros.

        Dedicamos buena parte de la mañana a circular por los alrededores de la localidad de Issaguen, recorriendo carreteras y algunas pistas, y cada curva del camino descubría ante nosotros una nueva postal que quedaba grabada en nuestra retina. Cedros, rocosas colinas, ríos arrastrándose entre peñas... y los sempiternos y ubicuos cultivos de la marihuana, que aportan verdor y frescura a un paisaje abrupto y exuberante. Formaciones rocosas se asoman entre los cedros, mostrando al viajero la riqueza geológica de la zona, rica en pizarras negras y rojas. No puedo evitar la tentación de recoger una muestra de estas piedras que me quedo como recuerdo.

 
 
 


        La mayoría de las fotos las tomo desde el vehículo. Hacemos una pequeña pausa en una pista  para cambiar el sentido de nuestra marcha y regresar hacia Issaguen. Aprovecho el momento para tomar algunas fotografías entre los cedros. Sin duda alguna, cualquier rincón de estos parajes ofrece una belleza inigualable, y aun eligiendo cualquiera de ellos al azar se encontrará un lugar idílico, de una belleza natural y ancestral. 


    Creo que la mejor descripción que puedo hacer es dejar que las fotografías hablan por sí solas.


Bosques de Cedros