El Peñon de Alhucemas



El Camino a Alhucemas

    Nuestro recorrido continúa por la N16, que corre paralela a la costa en dirección oeste. Durante una hora aproximadamente recorremos esta vía disfrutando de las vistas, y como además el día es claro y luminoso, el recorrido parece diseñado por una agencia de viajes.

    El zigzagueo continuo de la carretera nos acerca y aleja aleatoriamente de la línea de costa. A ratos, ante los cambios de rasante, la carretera parece desembocar directamente al mar, y en otros momentos, playas largamente vacías corren paralelas a nosotros, desplegando la insultante belleza de los lugares casi vírgenes. 



    Constantemente, se puede descubrir al viajar por las carreteras de Marruecos, el fuerte contraste entre lo moderno y lo tradicional, lo que añade una exótica belleza y un singular atractivo al recorrido.

    Finalmente la bahía de Alhucemas aparece en el horizonte.

    Llegamos a una playa urbana, con infraestructuras propias de los lugares turísticos. El Peñón es el protagonista absoluto de la bahía, pues es imposible contemplar esta playa sin admirar esta roca imponente y edificada que se alza majestuosa a escasos metros de la arenosa orilla. Exactamente la separan 700 metros. 

        Mucho más discretas a nuestra izquierda encontramos Isla Mar e Isla Tierra, dos rocas planas y vacías,cuya característica mas reseñable es el hecho de "rozar" prácticamente la orilla. Carecen de edificaciones, sin embargo, una mirada un poco más atenta nos descubrirá la presencia de sendos mástiles en los que ondea apaciblemente la bandera española.

 Realizamos algunas fotografías, y nuevamente subimos a los vehículos pero esta vez tardamos unos escasos minutos en volver a bajar de los mismos. Nuestro guía y compañero nos ha conducido hasta una colina cercana desde la que disfrutamos de unas vistas increíbles de la bahía, las playas y el Peñón. Desde esta posición elevada y privilegiada podemos apreciar la distribución de las tres islas en la bahía y su cercanía a la costa, y de manera casi inconsciente surge en mi mente la pregunta que supongo muchos otros se habrán hecho al contemplar este paisaje: ¿por qué España posee estas pequeñas rocas, lejanas y aisladas de cualquier otro territorio nacional? ¿Cuál es su historia? 


        El Peñón de Alhucemas fue entregado por el Sultán saadí Muley Abdalá en 1560 a la Corona española (en tiempos de Felipe II) a cambio de la protección de las invasiones otomanas. Fue ocupado definitivamente en tiempos de Carlos II, el 28 de agosto de 1673, por una flota comandada por el príncipe de Montesacro, Andrés Dávalos. Llegó a contar con más de 300 habitantes que ejercían el comercio con la cercana cabila de Beni Urriaguel. Se convirtió en un penal de presos comunes, políticos y desterrados. En 1838 sufrió una sublevación de los presos políticos. En 1902 Francia reconoció la soberanía española del Peñón. Fue atacado en 1921 por Abd el-Krim durante la Guerra del Rif. En 1922 las baterías cabileñas hundieron el vapor Juan de Juanes, que ejercía las funciones de correo con Melilla. Está situado todavía hoy a unos 150 m al norte de la isla. En 1925 participó en el desembarco de Alhucemas como posición avanzada de combate, ya que tenía 24 piezas de artillería con obuses de 155 y cañones de 7,5 a fin de apoyar la operación, con independencia de la artillería móvil de las unidades de desembarco

       

        Es el punto de amarre de varios cables submarinos unidos a Melilla, Ceuta y la Península Ibérica. Lo custodian de forma permanente fuerzas militares pertenecientes al Regimiento de Artilleria Mixto Nº32. Unido a la isla principal mediante un pequeño puente se encuentra el diminuto islote llamado La Pulpera, que sirvió en tiempos de cementerio.

    
Dejamos atrás esta colina y su bello paisaje e inmediatamente atravesamos la localidad de Alhucemas. Se abre ante nosotros una ciudad moderna y mediterránea, de amplias avenidas, en la que aún pueden observarse edificios de los años del Protectorado. Pasamos ante la puerta del Instituto Español de Alhucemas y más adelante descubrimos el cementerio cristiano, y desde él accedemos a la playa de la Cebadilla, punto central de las operaciones militares del desembarco anfibio realizado por las tropas españolas en septiembre de 1925. Desafortunadamente la playa está siendo cubierta por escombros y materiales para ganar terreno al mar, y su fisonomía ha cambiado tan profundamente que difícilmente es reconocible al compararlo con las fotografías de la época del desembarco. No obstante, la visita es obligatoria, por su significado histórico, y contemplando desde aquí el terreno que circunda la costa, se comprende y valora en mayor medida el esfuerzo bélico que supusieron aquellas operaciones militares, que a la postre supondrían el principio del fin de la guerra en el Rif.

    En el margen de este texto se puede disfrutar de un vídeo histórico de los primeros años de Villa Sanjurjo, que contrasta fuertemente con las fotografías tomadas de la actual Alhucemas.




Alhucemas Ayer y hoy

Villa Sanjurjo



Alhucemas



Playa Cebadilla






Alhucemas y el Peñón