El barco encallado


 La ruta desde Melilla hasta el barco encallado.  Obtenido de Google Maps

   Nuestro ruta hacia Alhucemas se desvía para enfilar hacia la costa a través de una pista de difícil acceso, transitable únicamente para vehículos todo terreno. Antes de dejar la carretera vimos algunos carteles indicando la proximidad de la playa de Kallat.

    Tras breves minutos de botar entre pequeñas torrenteras abiertas por el agua en el camino, aparece la costa. La vegetación que venía custodiando las márgenes de la pista se detiene y da paso de manera casi inesperada al azul profundo de las aguas mediterráneas. La luz de la mañana nos descubre una tranquila playa, desierta, rocosa y llana, bordeada de vegetación.  Es un lugar tranquilo y solitario. Pese a que sabemos cuál es el objeto de nuestra visita a esta playa, no puedo dejar de asombrarme al descubrir la silueta inmensa de un gran carguero en la mismísima orilla. Su figura se yergue, sorprendente e inesperada, a escasos metros del camino por el que ruedan nuestros vehículos paralelos a la línea de la costa. Reposa majestuoso sobre un lecho de rocas, piedras y arena, y su casi perfecta verticalidad te hace creer que el buque ha llegado hasta allí navegando suavemente, o tal vez que fue depositado con infinito cuidado por una gigantesca mano, y que en cualquier momento podría ponerse en movimiento y alejarse pausadamente para iniciar un último viaje. 

La figura del barco se yergue, sorprendente e inesperada.


    El sol de la mañana dibuja su silueta en un fuerte contra luz, destacando de este modo sus precisas líneas, suaves y marineras, de modo que la gigantesca sombra que se recorta contra el cielo te hace presentir inexistentes muelles, hasta el punto de crear un indefinido halo de irrealidad.

    Al abrir la puerta del vehículo lo primero que llama mi atención es un fuerte olor a mar, intenso y fresco. Descendemos todos de los coches y como un imán el casco del buque nos atrae y congrega, poniendo en todas las bocas asombradas expresiones. Inmediatamente sometemos al antiguo casco de la malograda nave a un continuo escrutinio y a una permanente ráfaga de fotografías.

    Poco a poco, nos dispersamos, buscando cada cual ángulos cada vez más atrevidos desde los que analizar la increíble posición del navío. Y poco a poco se nos revelan detalles que sugieren una historia trágica y pretérita que misteriosamente culminó con su definitivo encallamiento, y cuyo testimonio se alza hoy ante nuestros ojos. Dos anclas, rotundas y elegantes yacen a proa, y parecen haber sido dejadas caer allí casi con la intención de fondear el buque. Pero la más asombrosa de las imágenes es la inmensa vía abierta en la línea de flotación, definitiva y mortal herida  que como ningún otro elemento sugiere y aviva en nuestra imaginación la inmensidad del naufragio.

La vía de agua en la línea de flotación constituye 
una herida  definitiva y mortal

    
    El tiempo se desliza por la piel del barco en burbujas de óxido y desliza sus dedos multiformes y alargados en innumerables líneas de cálidos colores y anaranjados destellos. Todo es herrumbre y desolación, abandono y olvido completos, pero aun se alzan firmes e insolentes el castillo de popa y sendos mástiles, en un fútil desafío a la decadencia impuesta, impertérritos testigos de pasadas travesías.

    Nuestro guía, Francisco Hermida, nos comenta algunos datos sobre el navío. Escasos. Encalló hace unos veinte años. Decido buscar información en Internet cuando regrese a Melilla. Sin embargo, no abunda la información, lo más que encuentro son numerosas fotografías del lugar. Y poco más. Alguna referencia de excursionistas.  

    Finalmente, tomamos algunas fotografías de grupo y reiniciamos la marcha. El John Hope queda atrás, abandonado en su silencio costero, esperando tal vez nuevos visitantes, y nosotros buscamos a través de la pista la carretera N16, que a lo largo de la costa nos conducirá hasta la bahía de Alhucemas.


La pista de acceso a la playa


El sol de la mañana dibuja la silueta del barco en un fuerte contra luz


"John Hope", el nombre del buque aun se distingue


















 
Vista aérea del barco encallado. Obtenido de Google Maps.





El Barco encallado